Equidad de género y Moda: ¿Qué ha pasado en estos meses de pandemia?
- 16 feb 2021
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La industria de la moda es una industria dominada por mujeres. La gran mayoría de los trabajadores de la confección, aproximadamente el 80%, son mujeres. Una industria que se basa en un sistema piramidal: arriba, solo unos pocos conglomerados, 20 marcas a nivel mundial controlan el 97% de las ganancias de la industria; y en sus cimientos, en el grueso, la mano de obra explotada, que desde marzo del 2020 han tenido que sobrevivir al recorte de salarios y/o al desempleo.
Aunque innumerables mujeres están detrás de esta industria de 2,4 billones de dólares que, si fuera un país, sería la séptima economía más grande del mundo, las trabajadoras están representadas de manera desproporcionada. Historia no nueva, letra de un mismo bolero, pero para algunos expertos la pandemia ha iluminado la naturaleza explotadora de las cadenas de suministro de prendas de vestir en el mundo, movilizado tanto a ciudadanas como ciudadanos a hacerse consciente de sus privilegios, y amplificar la voz de estas trabajadoras. Así han nacido movimientos como Pay Up Fashion o Remake World los cuales han creado campañas como #PayUp #shareyourprofits #payupfashion exigiendo a las grandes marcas su compromiso con sus trabajadores y proveedores.
Según testimonios recogidos por Clean Clothes Campaign y Fair Trade Organization las mujeres son deseables en la industria de la confección porque los empleadores se aprovechan de los estereotipos culturales, a los que las mujeres a menudo se ven obligadas a adherirse, que las retratan como pasivas y flexibles. Muchas deben enfrentar la discriminación de género, explotación y sufren el impacto de la violencia y el acoso no solo en el lugar de trabajo, sino también en sus hogares y en el camino hacia y desde el trabajo.
¿Y qué pasa en Chile? No podemos hacer ojos ciegos a la realidad antes descrita, considerando que del 2003 al 2018 la importación de vestuario y accesorios aumentó en un 650%, según el análisis realizado por Fashion Revolution Chile. Y a su vez, tenemos una deuda pendiente con una industria chilena que trata de reconstruirse desde la invisibilización, tanto de nosotros consumidores como del propio Estado.
El estudio sobre “el trabajo en domicilio en la cadena del vestuario en Chile” realizado por la Fundación SOL, nos entrega un panorama claro de la invisibilidad impuesta de las trabajadoras, tanto en el Código del Trabajo como en la forma que socialmente se ha construido el sistema de trabajo a domicilio en Chile. “Se ha naturalizado el trabajo textil como una labor que, al realizarse en su mayoría por mujeres dentro del hogar, contiene una capacidad productiva para el mercado que no necesariamente se remunera por sobre los costos, lo que implica prácticamente que los ingresos son casi una limosna para solventar el día a día”.
Además, de puntualizar la invisibilidad autopercibida de estas trabajadoras, las cuales “no se consideraban como trabajadoras en general -como productoras de ingresos- dado lo ocasional, inestable y baja remuneración que tienen”, afirma el estudio.
La pandemia ha visibilizado y amplificado una realidad conocida. A puesto en la mira de los ciudadanos a las grandes marcas y su carencia de compromiso ante sus trabajadoras. Pero con respecto a la equidad de género, ésta sigue siendo omnipresente tanto en la producción como en el sector empresarial. Una moneda que tarde o temprano deberá ser cobrada, por nosotras, las mujeres, por ser la fuerza laboral de la industria, las principales consumidoras y el mercado objetivo.
Maria Pilar Uribe Silva
Periodista y Coordinadora de Fashion Revolution Chile



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