Greenwashing: disfrazando el consumo consciente
- 3 feb 2021
- 2 Min. de lectura
Por Francesca Chiappa G.
@franchiappag
En la columna anterior compartí con ustedes qué significa consumir, desde el origen y significado de su palabra, hasta lo que conlleva la acción propiamente tal. Seguido por una invitación a pasar de consumidores a consumidores conscientes.
Continuando con esa línea, cada vez es más frecuente que empresas cataloguen sus productos con ciertas características para incentivar una decisión de compra.
En el ámbito alimenticio, las palabras vegano, libre de gluten, sin azúcar añadida, NON-GMO (no transgénico) suelen ser las más usadas para destacar y diferenciar un producto sobre otro. En materia cosmética, las categorías libres de testeo animal, sin parabenos, no comedogénicos, ingredientes naturales, son bastante comunes.
Y para aquellas empresas que ofrecen productos o servicios comprometidos con el cuidado del medio ambiente, las palabras que abundan son: ecológico/ecofriendly, biodegradable, reciclable, compostable, carbono neutral, sustentable.
Encontrar productos categorizados nos permite basar nuestras decisiones de compra de forma informada y consciente ¡genial! ¿pero qué tan ciertas son esas promesas de venta?
Lamentablemente, muchas empresas han caído en malas prácticas al disfrazar productos con características que no tienen. Eso es el greenwashing. Un término en inglés (“lavado verde”) cuya práctica promueve de forma engañosa la promesa de un beneficio ecológico -por medio de un bien o servicio- cuando en realidad éste no existe o se da manera incompleta o deficiente.
Y es aquí donde las certificaciones cumplen un rol importante. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) “la necesidad de certificar las características de los productos se genera por la desaparición de las relaciones directas entre el productor y el consumidor, las que constituían un factor de confianza para este último”.
Básicamente, nos entregan cierta garantía de que aquello que estamos adquiriendo cumple con ciertas características.
De acuerdo a la "Guía sobre el greenwashing" de Fundación Basura, “solo las palabras eco, orgánico, bio, biodegradable y verde tienen una certificación o norma vigente, sin embargo, para que un producto servicio sea realmente ecológico o amigable con el medio ambiente, debe contar con la certificación oficial, no solo con la palabra”.
Es un tema que da para mucho y que ciertamente no pretendo resolver en esta columna, sino más bien dejar hecha la invitación a que hagamos valer y reclamemos el legítimo derecho de consumir de forma informada.
Si tienen dudas sobre ciertas características de un producto ¡pregunten y exijan que les expliquen y compartan información que corrobore las promesas de venta! Personalmente, me ha servido investigar sobre las certificaciones que existen en torno a conceptos que como consumidora valoro, así es más fácil identificar los sellos legítimos de los que no lo son y cuando no consigo dar con un mínimo de información que me convenza, simplemente paso de largo.
No olvidemos que cada compra es un voto.



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